Rafael Cuesta Caputi es un periodista ecuatoriano reconocible para una generación de adultos mayores, pero menos familiar para las generaciones millennials o centennials. Su novela, titulada Preguntas Venenosas, trata sobre el asesinato de un presidente mientras era entrevistado por televisión en vivo. Uno de los personajes de esta obra está inspirado en el ex-presidente Rafael Correa, y los sucesos narrados en ella contienen elementos fácilmente clasificables como escándalos políticos. La descripción, hasta ahora, podría sugerir que la obra sólo buscaba contribuir al sepulcro de un personaje político particular. Sin embargo, Cuesta Caputi logra redactar una trama entretenida, que provoca al lector indagar en periódicos antiguos para entender qué tanto hubo de ficción en la novela.
Por Bruno C. Borro
El presidente no es el personaje principal
Aunque la portada del libro contiene una caricatura con una banda presidencial, al proceder con la lectura puede entenderse que el real protagonista de la historia es el personaje basado en el autor: un periodista llamado Rafael Cuesta. A pesar de la sensibilidad del autor para narrar eventos como la pérdida de su hermano en un atentado con explosivo, o los afrentamientos a sus colegas por documentar la política ecuatoriana, hay secciones de la obra que habrían sido más corredizas en la lectura con menos detalles de la situación con su ex-esposa y amante. Aunque el rol protagónico que adquieren esos dos personajes, en los capítulos finales de la obra, es bastante creativo y merece la felicitación al autor.
La influencia guayaquileña
El otro presidente, a partir del cual se presenta un personaje en el libro, es el ya difunto León Febres-Cordero. En esos capítulos, se narra la lucha que hubo contra un grupo terrorista, del cual algunos de sus miembros ocuparían cargos en ministerios del gobierno de Correa (en la novela). De Correa, también, se narran por escrito esas historias de barrio que la tradición oral ya había difundido en Guayaquil. A la ciudad en sí, se la presenta con sus crímenes traumatizantes, pero también como un lugar extravagante donde individuos de todos los rincones se terminan encontrando para intercambiar ideas. Cuando de Guayaquil se habla en el libro, se menciona por supuesto, un alcalde con bigotes y de origen catalán.
Una cárcel dantesca
El protagonista de la historia presenta también la cárcel La Roca, con una cuidadosa selección de demonios y mártires que hace pensar un poco en el infierno de Dante Alighieri. Las historias de algunos de ellos otorgan espacio al debate en temas delicados en nuestra sociedad, como lo es la despenalización del aborto. Además, sirven de recordatorio a los escándalos que han involucrados personajes y organizaciones religiosas, como el caso Dinámica del pecado. En La Roca, el protagonista conoce, además, a personajes claves para descifrar misterios alrededor del gobierno de Correa (en la novela). El desenlace de la historia tiene lugar en Montañita, lo cual le agrega un tono particularmente clandestino, y aunque el autor enfatiza desde el comienzo que la historia es una de ficción, la lectura en conjunto suena bastante creíble.